Es mágico y cruel -como tantas otras cosas, basta ya de lloriqueos- darse cuenta de la necesidad de un trabajo tan oscuro y en apariencia retorcido como el de alterar la sustancia de nuestra costra para no andar sufriendo, esperándolo o no, un proceso de muda cada cierto tiempo. Un cambio a una costra cada vez más grande y a menudo más dura que nos permita mantener hasta nuevo aviso la ilusión de libertad de movimiento cuando nos limpiemos el culo a diario.
Una costra más blanda, una costra gelatinosa, flexible, una costra de gasa, de aire cargado, de vacío, una costra de miedo desenmascarado y mundo real, una costra inexistente al fin, para crecer aterradora y divertidamente suelto.
Si no os va ni el trabajo ni esa magia, no tendréis esa necesidad de continua firme torsion que hace doler las articulaciones de algunos adolescentes, ni habréis de alterar nada conscientemente. Olvidad lo que dije de la costra; nada os detendrá cuando os limpiéis el culo, no temáis.
Enlazo, antes de que se canse de escribir y de rebuscar tanto en todo...
4 comentarios
Escribe un comentario
Los comentarios están cerrados

Pues bien, en orden, claro que no me niego a que me enlaces, es un honor, muchísimas gracias... que hasta me sonrojo hombre!!!
Costra. Woas. Ha sido un temazo en mi vida. Pero en mi experiencia, se puede aprender a dejar de hacerlas. Es como una anticostra. El asunto es como un poco mezclar el convencerse a uno mismo de que el pellejo en cuestión (el propio) es de aleación de titanio vanadio (algunos le dicen soberbia, otros autoestima) junto con, paradojalmente, la idea de que cualquier golpazo ayuda a mejorar la mezcla, y un carajo, la vida sigue.
Es raro. Pero me resulta. No siempre estoy contento. Pero muchas veces sí. Y no sé, como que me sale natural rodearme de gente que no anda con muchas intenciones de violentarme. Y eso ayuda.
Es difícil encontrar blogs que pongan tan lisa y llanamente el interior del autor, Maërandor (se me ocurre que así van las cremillas... literatura en común??). Resulta críptico, pero por lo mismo inusitado.
Poesía en prosa, le llamarían algunos. Pero de la oscura. Seguiré paseando.
Ya entiendo.
Yo siempre digo que a lo largo de la vida, pueden pasar dos cosas, o bien que vayas dejando capas de tu piel con el paso del tiempo y así te vuelvas más vulnerable, o que te cubras de más capas de piel y te endurezcas...cosa que te hace ser más fuerte, y que no te lleguen las cosas tan adentro como antes...y si alguien intenta clavarte una adaga, al tener más capas de piel sobre tu cuerpo es más dificil que traspase, que si has dejado capas de ella, por el camino....
Besos.
No siento ningún control sobre mis mudas de piel. No puedo estar segura de si alguien recoge alguno de mis pellejos, ni de si en caso de hacerlo le sirve de algo. Tampoco ejerzo ningún dominio sobre la superposición de costras sobre mi sorprendido esqueleto. Sé que a veces peso más y otras menos, por pesada o ligera que me note. Nada más. Bueno sí, sé que los cambios de esta piel que no controlo, a pesar de ser mía, duelen. Duelen mucho.