PÓNGOLO AQUÍ PA QUE SE VEA
(aprovechando que ya hay sección para ello)
El problema no es la gente ignorante o necesitada o sola o lo que sea, que adora algo por pobreza de espíritu o por otras razones no menos lícitas.
El problema es gentuza como el tipo del que habla este artículo, que podéis leer cuando tengáis un ratico, sobre el que ya se ha escrito demasiado y que no es el único. Al otro hijoputa del que hablo en el otro artículo, el de la gota de agua mineral debajo de la lengua (no era broma, existe) lo buscaré para ponerlo en otra ocasión.
LA TELA DE ARAÑA DEL DOCTOR MELÉNDEZ
Aldo Augusto González Brito
(Artículo publicado originalmente en el diario La Opinión de Tenerife)
Hasta finales de los años noventa, el doctor Meléndez era un reputado bioquímico (eminentemente teórico) con diversas publicaciones en revistas internacionales de prestigio. Sin embargo, ni uno sólo de sus trabajos fue realizado en humanos ni en modelos animales de las diversas enfermedades que declara ahora curar. Con el cambio de siglo se paró la hasta ese momento meritoria actividad científica del doctor Meléndez, y no se le conocen publicaciones relevantes. Comenzó a salir en los medios a raíz de la creación del Instituto de Metabolismo Celular, una institución presuntamente con finalidad investigadora, sin afán de lucro...y sin reconocimiento oficial alguno. Hace días se ha publicado que el doctor Meléndez ofertaba en el 2.004 a diversos inversores la conversión del instituto en una empresa dedicada a la investigación y venta de "productos" que curarían diversas enfermedades degenerativas, iniciativa empresarial que basaba en unos productos y protocolos que el llevaba investigando con éxito desde hacía un par de años. El documento hecho público en prensa el pasado sábado 11 hablaba del mayor descubrimiento de los últimos 70 años, y de la posibilidad de obtener beneficios multimillonarios. ¿Como interpretar una declaración de este calado?; ¿Sería una declaración previa a la inminente publicación en revistas de prestigio de unos resultados científicos revolucionarios, claros e incontestables?. Esta sería la única explicación creíble entre científicos; sin embargo, también podría ser un delirio megalomaníaco carente de base científica.
Cuando en las jornadas de hipertensión celebradas en el Hotel Mencey el pasado 5 de noviembre el doctor Meléndez presentó su ponencia, dejó claro ante la comunidad científica allí presente que hasta esa fecha no tenía resultados experimentales que probaran el efecto curativo del ácido aspártico; que no había publicado (ni tenía interés en hacerlo) resultado alguno; y que no estaba realizando ningún tipo de investigación, ni ensayo clínico. Tres meses después sigue sin tener publicado un solo trabajo, ni puede acreditar el tener patente alguna aprobada. Si casi dos años después de su intento empresarial ni investiga, ni puede probar nada de lo que afirma, ¿cuál es la actividad que desarrolla el Instituto de Metabolismo Celular?. Las claves las ha dado el propio Meléndez y su círculo de allegados. Estamos hablando de unos 30 euros al mes de beneficios netos por cada paciente. Si como ha repetido hasta la saciedad, tiene entre 7.000 y 8.000 pacientes, eso supone unos beneficios netos anuales de 2.880.000 € (unos 479 millones de las antiguas pesetas). Si en los últimos cuatro años, de ese instituto no ha salido un solo trabajo científico, patente, ensayo clínico o memoria de productividad científica alguna; ¿podemos hablar de una institución dedicada a la investigación y sin afán de lucro?. Con ese dinero, en una verdadera institución dedicada a la investigación, se podrían contratar al menos 80 investigadores de prestigio; sin embargo, ¿que colaboradores científicos tiene el proyecto del doctor Meléndez para justificar el destino -carente de afán de lucro- de los ingresos que el mismo declara?. En noviembre pasado nombró en su ponencia a un grupo de colaboradores (médicos y biólogos en su mayoría) de los que probablemente el único que podía acreditar alguna experiencia investigadora era su propio hijo. El instituto es físicamente un chalet aparentemente reconvertido a multiconsulta que es casi imposible que pueda albergar un laboratorio de investigación que justifique proyectos de esa cuantía económica. Si toda esta información es de dominio público, y procede de declaraciones del propio doctor Meléndez, hemos de preguntarnos los sufridos ciudadanos que pagamos religiosamente nuestros impuestos, cómo es que a ningún inspector de hacienda se le ha ocurrido auditar las cuentas y labor investigadora de un centro que, sin afán de lucro, declara públicamente esos enormes beneficios, y no acredita labor investigadora alguna.
La discusión abierta sobre la naturaleza de los factores (polvos o aminoácidos) y la anunciada prohibición de su distribución por las autoridades sanitarias, no deja en buen lugar ni al doctor Meléndez ni a los responsables sanitarios. En primer lugar, ni el doctor Meléndez ni la propia Consejería pueden legalmente definir a los aminoácidos como medicamento o como suplemento dietético. Para ser considerado medicamento se ha de recorrer un camino que el Dr. Meléndez jamás pensó transitar, de ahí su reiterada afirmación de que son un suplemento dietético. Cuando afirmaba hace meses que era inminente la aprobación de la patente de sus productos en Estados Unidos, generó intriga entre los científicos que hemos seguido el caso; ¿se puede patentar un aminoácido que fabrica el propio cuerpo, que se ingiere normalmente en la dieta, y que además se vende por internet?. En el debate de estos días ya se ha olvidado la patente que era necesaria e inminente hace tres meses. En Estados Unidos existe una institución pública (Food and Drug Administration, FDA), que regula la aprobación y el uso de medicamentos y alimentos. Existe una legislación clara y precisa sobre la aprobación y uso de suplementos (o complementos) dietéticos, que al igual que para la aprobación de un nuevo medicamento, también requiere estudios previos, ensayos clínicos en animales y humanos, y estudios que definan las dosis de la sustancia que no perjudican la salud (tanto en personas sanas como enfermas). Si además, alguien quisiera patentar que un producto usado como complemento dietético tiene un efecto beneficioso en una determinada enfermedad, debe probarlo, y es la FDA quien a la vista de los ensayos clínicos realizados autoriza que se reconozca el efecto descrito a efectos de su posible comercialización. Esta administración vela por la salud de los ciudadanos norteamericanos; ¿quién vela por la salud de los canarios cuando el doctor Meléndez afirma, sin aportar una sola prueba ni ensayo clínico, que sus productos curan una larga serie de enfermedades degenerativas.?. ¿Pueden los médicos que presuntamente recetan los productos y protocolos que propugna el doctor Meléndez tratar a enfermos sin vulnerar el código deontológico?. ¿Se puede hablar de donaciones voluntarias cuando se presenta un estudio de mercado realizado con fines empresariales en que se cuantifican los ingresos por la venta de los polvos?. ¿Es legal afirmar que un tratamiento cura -incluso enfermos con cáncer- e inducir así a que acudan regularmente a una consulta 8.000 personas?. ¿Porqué la Consejería de Sanidad no activa rápidamente un mecanismo de detección de posibles complicaciones clínicas por el uso de estos productos? El doctor Meléndez, apoyado por algunos incondicionales y su asesor legal ha creado una tela de araña en la que en este momento están atrapadas 8.000 personas; el proyecto empresarial anunciado hablaba de muchas más, de miles de millones de beneficios, y de un tratamiento para toda la vida.
(Artículo cedido por cortesía del autor a la revista "El Escéptico Digital", y que espero no tenga problema en que lo publique aquí, pudiendo decírmelo en caso contrario)
