Es que como veo que no tengo un rato para deciros cosas he pensado que mientras pasa el tiempo podéis ir contribuyendo con los vuestros a la lista de libros que marcaron infancias que inició mi amiga Persephone aquí.
Y lo hago citando mi propio comentario, que fue este:
Gracias mil por tan explícita invitación.
Acudo raudo a saldar la deuda que no dudes debo desde que di con la dama del Hades. De nada.
Digo esto porque recuerdo cómo nos picábamos uno a otro recomendándonos los títulos del Barco de Vapor que no se había leído el otro. Ya ni los comentábamos; no daba tiempo. En cierto momento, tú te leíste La Casa de los Espíritus y yo uno de Clive Barker y tal vez por eso vivamos hoy a mil kilómetros. En fin.
Lo más curioso que recuerdo cuando exploro en busca de esos libros que me marcaron, es que muchos de ellos los leí años después. No voy a contar mi vida, simplemente recomiendo al que guarda libros para sus hijos que tenga muchos a su alcance. "Más allá del bien y de mal", de Nietzsche, "El espectador" de Ortega y Gasset (menudo blog hubiese tenido éste tipo), la mismísima Biblia (de Dios, como decían en los colegios de monjas), son libros que leí porque de pequeño hojeé y me llamaron la atención. Yo qué sé, a veces serían las tapas, otras nombres raros ("Faulkner", no me jodas, qué nombre).
Y en lo que fue propiamente lectura infantil, pues sí, Christine Nöstlinger es una fiera (Konrad no lo leí, recuerdo más "Bajo el viento de la camarga", pero porque lo leí con gripe). Recuerdo "El Rey de Katoren", de Jan Terlow, el de "Piotr" y otros muchos no traducidos al español. Y un gran novelón de un tal Robert C. O'Brien: "La Sra Frisby -ó Brisby- y las ratas de Nimh", inexplicablemente puesto en la serie naranja, desde donde te sorprendía con su grosor y lo menudo de su letra. Como lo hacía, desde fuera del Barco de Vapor, "El Maravilloso Viaje del Pequeño Nils", que no terminé por culpa de -o gracias a, por Dios qué cosa más larga de libro- una serie de dibujos que le hicieron bastante bien.
Un verano enganché el primer tomo de "Las 1001 noches" ("Las mil noches y una noche", decía el libro)
Recuerdo que pasadísima la edad de la serie azul, disfruté mucho con el único libro que llegué a leer de esa serie: "Historias de Ninguno", creo que de una autora española. Tal vez disfruté tanto porque le veía las tripas a la historia, pero era muy divertido.
Ahora mismo no caigo, pero iré recordando más. De momento dejo esto así de cortito. Besos.

Destacaría dentro de esta categoría de autores que marcaron mi infancia los que fueron el germen de mi posterior germanofilia: Angela Sommer-Bödenburg, la de "El pequeño vampiro", Otfried Preussler, Christinne Nöstlinger, Peter Härtling o Michael Ende.
El de Konrad estaba genial... y también era adicta a El Pequenyo Vampiro :-)
Tuve un montón de El Barco de Vapor. Azules, recuerdo "Un duende a rayas", "Abuelita Opalina" y alguno más... y naranjas hubo un montón que me engancharon, recuerdo especialmente "Los hijos del vidriero", "Tonico y el secreto de Estado" -qué bueno fue!!-, "Un agujero en la alambrada"... y de Alfaguara, "Cuando Hitler robó el conejo rosa". Lo leí muchas veces, éste. O más ligeros, para reír, "Los mifenses", "La nariz de Moritz" (un cartero que olía los sentimientos depositados en las cartas :-)
No recuerdo bien el salto a los libros de mayores. Recuerdo que se colaron algunos clásicos, "Cumbres Borrascosas", y "La isla del tesoro", "El diario de Anna Frank"... y no sé, que los libros de mi edad -según El Barco de Vapor- se me acababan demasiado pronto y empecé a querer más.
Jo, qué gusto de post. Me dejas con una sonrisota enorme, gracias!! :-)
Cascadas de besos,
Bruji
Gracias, Bruja.
Realmente era sólo un comentario que hice, como he dicho.
(Por cierto, si te diera por escribirme un emaíl hazlo a través de donde pone ahí al lado "contacto", no sea que conserves aquélla dirección que tenía antes, que ya no existe. Un beso.)
El de "Abuelita Opalina" lo leí yo ya estando en primero de carrera ( siempre he sido un poco lento). Me impactó la crueldad que pueden llegar a manifestar las abuelas que sienten plagiadas. ¡Pobre Isa!
"Los hijos del vidriero" fue un libro que no pude disfrutar en su momento, por ser de un lirismo excesivo para mí. De todas formas, aun perduran algunas de sus metáforas en mi mente, como la del cuervo que perdió su ojo negro, el que le permitía ver el lado amargo de las cosas, en el pozo de la sabiduría y, al recuperarlo después de mucho tiempo, se le había tornado verde.
Por cierto, aquella serie que viste, cuyo maligno hechizo a mí me daba mucha angustia, está basada en un libro de la primera premio Nobel de la literatura sueca: Selma Lagerlöff. Su nombre original es "El maravilloso viaje en ganso de Nils Holgerson a través de Suecia".
Algien me podría decir el argumento de el libro Tonico y el secreto de estado?. Lo necesito para ahora.