LOS COJONES DE MACHINE
A veces me cuesta mucho ponerme a pensar en el tema de moda. Sea cual sea hoy.
Recordé el posteador automático de engelson , al encontrar algo que escribí sobre la inteligencia artificial. Me viene bien para mantener cierta actividad aquí mientras organizo mis ideas de ahora. Hoy no toca pensar, incluso tampoco no pensar. Debería comprarme un cerebro artificial. Que no existen, es lo que pasa, pero oye, ya los inventarán. Al principio vale que serán caros de cojones, como todos los primeros modelos, pero en seguida los más necesitados amortizan el invento comprando los primeros modelos y los pobres nos lo tomamos con más calma y compramos modelos más avanzados y más baratos, con lo que finalmente los más tontos siguen siendo los más tontos.
El problema vendrá cuando sean ellos los que nos compren a nosotros.
Los ordenadores más ricos se comprarán los humanos más interesantes, con que los pobres se quedarán con los humanos más incapaces.
Es de esperar que, ocurriendo esto cuando nos hayan superado ampliamante en capacidades cognitivas e intelectuales, se sirvan desarrollar humanos mejores de lo que nosotros mismos hemos conseguido tras tantas generaciones. Claro que lo harán gracias a las bases que les proporcionaremos. Así, los ordenadores pobres, merced a la evolución de la tecnología productora de humanos, podrían tener pronto ejemplares de calidad a precio asequible, comprados a los ordenadores más inteligentes. Éstos se forrarán vendiendo humanos a los pobres ordenadores tontos, que serán además para siempre los más pobres (por gastarse el dinero en humanos), y los más tontos (porque a ver para qué cojones necesita un ordenador un humano).
Puede, pues, que se decidan a exterminar a la humanidad, si les da por rebotarse y dejar de consumir chucherías idiotas. Decidirían y planearían una metódica e inmisericorde eliminación de la especie, ayudados por su superior intelecto. Ahora, que habría que ver a hostias quién ganaba.

El hombre contra la máquina. Es el tópico. Parece que la humanidad tiene tal pasión por la bronca que se esmera en crearse nuevos enemigos aunque tenga que fabricarlos y entrenarlos. ¿Necesitamos tener miedo de nuestras creaciones a ese nivel? Quiero decir, somos conscientes del mal que nos infligimos con el asunto del progreso, al menos a nivel ecosistemático y todo eso. Todo el mundo lo sabe, tema o no, pero lo evidente es que no nos parece ni la mitad de sugerente a la hora del acojone creativo como el asunto de las máquinas pensantes. Parece que nos pone mucho más evadir la responsabilidad sobre nuestro fin como especie y pensar que nosotros no, sino nuestro producto, pero consciente y por su cuenta, es el que nos ataca. Porque se ha vuelto malo. Nosotros no queríamos eso. Nos ha jodío mayo, claro que no queremos morir, ni nadie quiere por las buenas (por las malas) destruir el mundo hahaha. Pero que no seamos gilipollas es otro cantar.
Puede también que más que simple idiocia, se trate de un divertido punto de ridiculez social. A la adulta sociedad tecnológica occidental esta de aquí como se llame, que ha llegado más lejos que nadie y lo sabe todo gracias a todos sus diez o doce siglos de evolución, no puede preocuparle el simple hecho de su propia destrucción. Al contrario que esas sociedades atrasadas [pasotas unas y embrutecidas, como dice Desmond Morris, otras], la nuestra va más allá, pues siente su honor amenazado ante la posibilidad de que, tras la completa desaparición de la humanidad, quede alguien consciente para descojonarse.

Dunkelheit dijo
Chapó. Yo procuraré empezarar a descojonarme unos segundos antes de verme reducido a una pulpa gelatinosa.
20 Enero 2006 | 08:01 PM