El joven estaba sentado. Acababa de comer y su herida ya estaba convenientemente limpia. No volvería a reparar en ella si no había que limpiarla otra vez. Fuera, había pájaros. Dentro, una temperatura aceptable y ruido de máquinas inútiles. En todas partes, el otoño. Nada de lo que preocuparse.
...
La mujer de la casa vino otra vez. Parecía que se iba a volver a poner pesada. La evitó durante un rato, hasta que descubrió su herida y las preguntas fueron inevitables. Qué cotorra y qué cotilla, sabe perfectamente que no puedo responderle. "Déjame", le dijo, seca y tranquilamente. Ella no dejaba de inquirir y de intentar tocarle la herida. "¡Déjame!", consiguió zafarse y salir.
...
Había salido el Sol y volvía a tener hambre. "Tal vez cuando vuelva ella no esté. Ahora sí está. Comeré algo fuera".
Pero podía esperar; la morenaza del otro día andaba cerca. Echó a andar.
...
Vuelve a salir el Sol. Hay que pasar por la casa otra vez.
Después de tener que rajarle los morros a ese boquirrubio ha encontrado a la morenaza y se la ha tirado, pero con tanto trajín no ha habido manera de comer hasta ahora, y ya no le apetece comer fuera.
Dentro, la comida de siempre. Al menos no le han visto, y el agua estaba limpia. Hace buen día, mejor descansar arriba, al sol. Sigue habiendo pájaros. Y una lagartija. Y un perro ladra ahí abajo. La herida está limpia.
Mierda, aquí viene otra vez. A descansar al tejado.
2 comentarios
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Cierto, hace demasiado tiempo que no entraba por aquí. Pero también da gusto ver unas cuantas cosas nuevas juntas.
Mi saludo lo cuelgo aquí... porque sí. Porque quería aprovechar para decirte lo estupendo que me parece cómo entiendes a tus animales. Si todos fuésemos como gatos, creo que nos querrías más. O pensarías que no somos tan difíciles de querer. Al menos, no tendríamos tantos "sufrimientos superfluos autoconsentidos" (creo que al final me gusta más esta definición), con lo que a ti te disgustan...
Si te pillara mi Holandita...