"En un momento de particular apertura, me encuentro con este azul descaradamente más claro que el que siempre he tenido por mío, luchando serenamente entre la pretendida protección de la cáscara y la más expuesta y vital mirada al cielo..."
le escribo a Josetxo , con la seguridad de que se reirá de mí, como siempre, aunque sin malicia, como siempre también.
servido por maerandor
4 comentarios
compártelo
La otra noche caminaba solo por la calle, pensando en que había llegado a pensar "qué derperdicio de hombre tan guapo y tan solo" -fugaz pensamiento que era precisamente el que me animaba a volver a casa-, y en ello me encontré una moneda de un céntimo de €uro. La inercia me hizo dar un paso más que desanduve para recogerlo. Porque dicen que esas cosillas da suerte encontrarlas.
Tal objeto en la mano me ayudó a pensar un poco en la suerte. Me recordó la suerte. La suerte, qué concepto, hacía mucho que no pensaba en ella. Muy posiblemente dejé de hacerlo desde que me di cuenta de que suerte tenemos todos, más o menos favorable en el momento, pero siempre alguna.
Bien, y ahora aparece este céntimo para hacerme reflexionar de nuevo... ¿Qué novedades tengo al respecto, que dato huidizo se cuela entre mí y mis sanas manías?
Intentando obtener nuevas conclusiones, siquiera por hacer algo, el cobre se me cayó de la mano mientras andaba. Esta vez no me detuve.
El caso me resultó curioso, sí, y aquí está este post después de todo, pero no creáis que nada en esta historia me hizo sentir menos feliz o más infeliz ni por un segundo.
servido por maerandor
10 comentarios
compártelo
<< Está ante mí, corpulenta, panzuda, con las grandes fauces llenas de fuego. Se llama Franklin...

-¿Eres tú Benjamín Franklin?- le pregunté.
-No, sólo Franklin, Francolino. Soy una estufa italiana, una excelente invención. No caliento mucho, pero como invento, como producción de una industria muy desarrollada...
-Sí, ya lo sé. Todas las estufas con nombres hermosos calientan mucho, todas son invenciones excelentes, algunas son productos gloriosos de la industria, como se demuestra en los prospectos. Yo las aprecio mucho, merecen admiración. Pero dime, Franklin, ¿cómo es que una estufa italiana lleva un nombre americano? ¿No es esto extraño?
-No, esto es un secreto, ¿sabes? Los pueblos cobardes tienen canciones populares en que se ensalza el valor. Los pueblos sin amor tienen obras teatrales en que se glorifica al amor. Así nos sucede también a nosotras, las estufas. Una estufa italiana tiene, la mayoría de las veces, un nombre americano, como una estufa alemana tiene, casi siempre, un nombre griego. Son alemanas y no son mejores que yo en nada, pero se llaman Eureka o Fénix o Despedida de Héctor. Esto despierta grandes recuerdos. Por eso me llamo Franklin. Soy una estufa, pero también podía ser un estadista. Tengo una gran boca, caliento poco, escupo humo por un tubo, tengo un buen nombre y despierto grandes recuerdos. Así soy.
-Es cierto -dije yo-; siento gran admiración por usted. Puesto que es usted una estufa italiana, ¿podrían asarse castañas en usted, verdad?
-Ciertamente que sí; cualquiera es libre de hacerlo. Es un pasatiempo que a muchos agrada. Otros hacen versos o juegan al ajedrez. Es cierto que se pueden asar castañas en mí. Es verdad que se queman y no hay quien las coma, pero en eso reside el pasatiempo. Los hombres no aman nada tanto como los pasatiempos, y yo soy una obra humana y debo servir al hombre. Cumplimos con nuestro deber, con nuestro sencillo deber; somos monumentos, ni más ni menos.
-¿Monumentos, dice usted? ¿Se consideran ustedes monumentos?
-Todos nosotros somos monumentos. Nosotros, los productos de la industria, somos monumentos de una cualidad que escasea en la Naturaleza y sólo se encuentra en elevada perfección en los hombres.
-¿Qué cualidad es esa, señor Franklin?
-El sentido de lo poco práctico. Yo soy, como muchos de mis semejantes, un monumento de ese sentido. Me llamo Franklin, soy una estufa, tengo una boca grande que devora la madera, y un gran tubo por el que el calor encuentra el camino más rápido para salir al exterior. Tengo, también, lo que no carece de importancia adornos, leones y otras cosas, y tengo algunas llaves que se pueden abrir y cerrar, lo cual causa mucho placer. Esto también sirve de pasatiempo, igual que las llaves de una flauta que el músico puede abrir o cerrar a discreción. Esto le da la ilusión de que hace algo simbólico, y así es, en efecto.
-Me maravilla usted, Franklin. Es usted la estufa más juiciosa que he visto hasta ahora. Pero acláreme esto ¿Es usted una estufa en realidad o un monumento?
-¡Cuánta pregunta! Ya sabe usted que el hombre es el único ser que da un sentido a las cosas. El hombre es así; yo estoy a su servicio, soy su obra, me limito a señalar los hechos. El hombre es idealista, es un pensador. Para los animales, un roble es un roble, una montaña es una montaña, el viento es viento, y no un hijo del Cielo. Pero para los hombres todo es divino, todo es profundo, todo es simbólico. Todo significa algo enteramente distinto de lo que es. El ser y el parecer están en litigio. La cosa es una antigua invención, creo que se remonta a Platón. Una muerte es una heroicidad, una epidemia es el dedo de Dios, una guerra es una glorificación de Dios, un cáncer de estómago es una evolución. ¿Cómo podría ser una estufa solamente una estufa? No; ella es un símbolo, un monumento, un mensajero. Cierto que parece ser una estufa, y hasta lo es en algún sentido, pero desde su rostro simple le está sonriendo a usted la antiquísima Esfinge. Ella también es portadora de una idea; también es una voz de lo divino. Por eso se la quiere, por eso se la tributa admiración. Por eso calienta poco y sólo accidentalmente. Por eso se llama Franklin. >>
("Conversación con la estufa", Hermann Hesse)
servido por maerandor
4 comentarios
compártelo
Normalmente me prodigo poco por estos medios, pero esta semana no he tenido acceso a mi cuenta. Cosas de las obras permanentes, supongo. Prefiero no pensar en el hecho de que no he visto que le pase a nadie mas. Y ahora resulta que no van las tildes de este teclado. Cojonudo.
Ahora me apresurare a olvidar los miles de post que no he escrito con la estupida excusa de no poder publicarlos, y publicare este sin tildes, sin ganas, sin comer ni dormir, animado como siempre por la facilidad de darle al boton con la tranquilidad de no ser casi leido.
Asi nos va.
Sobre todo hoy, con este dia de mierda.
Saludos a todos.
servido por maerandor
18 comentarios
compártelo