Categoría: Hay gente suelta por ahí
18 Junio 2007
"En un momento de particular apertura, me encuentro con este azul descaradamente más claro que el que siempre he tenido por mío, luchando serenamente entre la pretendida protección de la cáscara y la más expuesta y vital mirada al cielo..."
le escribo a Josetxo , con la seguridad de que se reirá de mí, como siempre, aunque sin malicia, como siempre también.
servido por maerandor
4 comentarios
compártelo
7 Septiembre 2006
Es mágico y cruel -como tantas otras cosas, basta ya de lloriqueos- darse cuenta de la necesidad de un trabajo tan oscuro y en apariencia retorcido como el de alterar la sustancia de nuestra costra para no andar sufriendo, esperándolo o no, un proceso de muda cada cierto tiempo. Un cambio a una costra cada vez más grande y a menudo más dura que nos permita mantener hasta nuevo aviso la ilusión de libertad de movimiento cuando nos limpiemos el culo a diario.
Una costra más blanda, una costra gelatinosa, flexible, una costra de gasa, de aire cargado, de vacío, una costra de miedo desenmascarado y mundo real, una costra inexistente al fin, para crecer aterradora y divertidamente suelto.
Si no os va ni el trabajo ni esa magia, no tendréis esa necesidad de continua firme torsion que hace doler las articulaciones de algunos adolescentes, ni habréis de alterar nada conscientemente. Olvidad lo que dije de la costra; nada os detendrá cuando os limpiéis el culo, no temáis.
Enlazo, antes de que se canse de escribir y de rebuscar tanto en todo...
servido por maerandor
4 comentarios
compártelo
23 Agosto 2006
Vivimos un momento histórico estupendo para entender cómo usaron los invasores de América el alcohol como medio para reducir a los indígenas.
servido por maerandor
15 comentarios
compártelo
1 Agosto 2006
Un paralítico le dice a un telequinético:
-Acércame ese libro, por favor.
-Cógelo tú, ¿o es que no tienes mente?
(En homenaje a este personaje)
servido por maerandor
6 comentarios
compártelo
7 Julio 2006
Hay por ahí unos cuantos seres extraños. Hay muchos, vale, pero hablo de unos especialmente desconcertantes.
Hace poco decía uno en una película muy buena, "Crash" se llamaba, que la gente se toca al andar por la calle pero en Los Ángeles no por yo qué sé qué hostias. A los que hicieron la peli les pareció que era imprescindible una parrafada de esas chorriprofundas para gringos y metieron esa enorme gilipollez. Está estudiado que la gente nunca se toca cuando anda por la calle si puede evitarlo. Y eso pasa en todas partes.
Pero hay algunos que sí, que parecen tener claro que se les tolera el contacto y acuden a él sólo con verme. No me resulta especialmente molesto. Más bien, como he dicho, desconcertante.
Disfruto tanto hablando de mí o de mis cosas como evitando hacerlo. La verdad es que cada vez más de ésto último. Es hermoso cuando además de escuchar algo interesante, sabes que estás siendo apreciado, pero como escuchante. No es algo tan común sin que el otro te inquiera porque sí, sin interés ninguno ni necesidad, sin que corrompa el momento con un absurdo intercambio de opiniones. Sé que no me explico como me gustaría, pero las numerosas ocasiones en que no me explico porque no quiero os tendrán acostumbrados.
También sé que no podéis hacer nada contra estas decisiones acerca de mi transparencia, y que lo normal es que os la sude y lo dejéis estar, volváis a leerme o no. Pero esos, los desconcertantes, no sólo es que en ocasiones me pinchen/presionen/insistan en ciertas cosas, es que además consiguen que yo mismo me las plantee y que me preocupe por lo que les digo, no sólo por lo que me oyen decir. Estos misteriosos poderes mentales que manifiestan me turban a menudo.
Pero es que tampoco evidencian una especial actitud hostil, antes cierto equilibrio entre la agresión -que tolero por el influjo de su oscuro poder mental- y cierta vulnerabilidad que a menudo tienen. Pues sin intencion ni obligacion de educarte, se comen el tarro para encontrar soluciones a tus problemas como lo harían con los suyos propios, sin soltarte el esperado tópico que hay que decir al pobre imbécil que pide ayuda a otro ser humano o va largando sus historias por ahí. Hasta un nivel de implicación impropio y peligroso para todos, como si te sujetasen la nitroglicerina mientras vas al retrete.
Por todas estas cosas y supongo que alguna más los tengo en mente a menudo. Y por aquéllo de entenderse y por la necesidad de adaptar de vez en cuando el idioma a las propias acepciones, frecuentemente les llamo amigos.
Lo que no viene a significar ni mucho menos que dejen de desconcertarme las cosas que acabo de decir, ni que esté de acuerdo con ellos en ningún ámbito. Particularmente diferimos en cuanto a la manera de tenernos como referente, y sobre todo en cuanto a la idea que tenemos sobre la idea del otro como referente mutuo. Creo que está claro. Cuanto más paso de todo el mundo, más me acusan todos de hacer caso a los demás.
servido por maerandor
4 comentarios
compártelo
21 Junio 2006
Esto va a llegar a ser un nuevo género postil...
Esas cosas que enlazo me recordaron una tarde de paseo familiar. Qué poco que nos vemos, qué bien que estamos casi todos, vamos a tomar algo tranquilo y charlamos.
El lugar escogido fue uno de esos con un enorme surtido de batidos, caféses, infusiones y otros líquidos. A mí me vino muy bien porque cuando no me pido una cerveza ya no sé qué coño pedir. Una vez acomodados todos y pensada la comanda, aparece el camarero, un chaval de por aquí, que se ve que como se junta con raperos va de negro por la vida o eso parece, y que me podría caer mejor o peor si lo conociese pero entonces era el camarero y punto. Mi hermano, que creía tener claro que lo que quería era un té, se espera para pedir el último y se encuentra con setecientos tés en la carta.
-Vaya. Pues yo quería un té, pero...
El camarero amenaza su libreta con el boli un buen rato sin mover un músculo mientras mi hermano cada vez sufre más ante la aturullante oferta.
-Sí, esto... un té, un té de...
Porque además suele pasar que se inventen nombres raros que designan mezclas infusionales absurdas, para llenar un par de páginas de la carta y aparentar más surtido.
-un té... ains, a ver, un té...
Cuando ve que las letras le bailan en la vista, mezcladas en su imaginación con mil imágenes de frutas y sabores danzantes, parece darse cuenta de que al fin es sólo agua caliente por cuarenta duros, y ve la luz. "Un té..." Entonces, alza la vista triunfante al rostro del chaval y pide con voz rotunda, un té...
-¡Negro!
El camarero, que ya sabe de sobra que es más negro que el sobaco de un grillo, se mueve solo lo necesario para girarse mientras apunta y se va a la barra, con cara de póker. Mi hermano enrojece poco a poco.
Al rato, otro camarero nos trae las cosas.
servido por maerandor
7 comentarios
compártelo
26 Abril 2006
Bueno, angelsinalas, tenías razón. Aunque a veces dejo escapar un par de obviedades, aparte de todas las que se escapen por su cuenta, me gustaría poder prescindir de ellas un poco. Y eso puede ser lo que dé a este blog la imagen de frialdad o distancia.
Si es que yo no tengo por qué decirle a nadie si sale el sol o deja de salir...
Lo que pasa es que a la gente le gustan las obviedades, y si no las pones las añade por su cuenta, y selecciona las que prefiere para su personal desvío de la mirada. Al final, a poco que les sigas el juego, aun con la mejor intención, acaban poniéndote en la boca cosas que no has dicho y haciendo aquí lo que deberían hacer en su propio blog. Luego pueden incluso negarlo y ofenderse. Que se vayan no es lo peor que puede pasar.
En cualquier momento parece ser oportuno un comentario cuestionando el derecho moral que tenemos a disfrutar de internet o de cualquier tecnología, o de los nutrientes que provienen de los animales, o de nuestra autoestima.
Alguien que va por camino de acabar convirtiéndose en amiga o que al menos hoy me hace el enorme favor de aceptar ese papel me dice: "Yo ya tengo asumido que la gente sólo quiere oir ciertas cosas". Jodeeer, qué sencillo era. Agradezco en ese momento la posibilidad que me da esta inmerecida tecnología para hablar con quasidesconocidos -práctica que ejercito desde que sé hablar, y no tenía ordenador, por cierto-.
"Pero en un sitio como este con las ventajas que trae, podría esperarse otra cosa...", pienso en responder. Pero sólo un momentico. Es una gilipollez. ¿Qué ventajas? Vale, vale, está el Google y tal. ¿Pero para hablar? ¿Qué putas ventajas? ¿Que se me van los amigos a Alemania y hablo con ellos cuando está allí más que cuando eran mis vecinos? ¿Y eso está bien?
¿Que te encuentre por casualidad un indeseado antiguo amigo de olla desbocada, o un/a exnovio/a, y te coma la cabeza telemática y obsesivamente?
Para esa merienda no necesito alforjas, ni pagar arrobas. Como cualquiera que trabaje con ellos y no sea imprudentemente infantil sabe ya a estas alturas, el ordenador, con su interné incluida, es una herramienta, y no se le puede pedir el saber absoluto ni respuestas para todo, ni una única catadura moral si es que ha de tener alguna. Porque el ordenador es una máquina, y porque internet lo escriben personas. Y hay mucho de ambos en poco sitio, y todo se calienta con el rozamiento.
Qué menos que tenerlo en cuenta.
servido por maerandor
9 comentarios
compártelo
19 Abril 2006
-Pues me lo llevo y ya te lo pago la semana que viene, que si no voy a quedar mal. No he venido ninguna de las veces que he quedado contigo porque para mí lo importante es el dinero que me echo al bolsillo, y lo demás viene después. Y si no te llamo y ves que falto a la cita, pues me llamas tú. Y te daré un pagaré porque nosotros lo hacemos así, y todo el mundo funciona así...
No. Todo el mundo no funciona así. Y muy pocos de los que funcionan así están tan convencidos como tú de que sea la manera correcta de hacerlo.
Y sí, vas a quedar mal. Estás quedando mal.
Te gustaría que te respetaran allí donde vas a llevar mi trabajo, ¿verdad? Les gustará que esté bien hecho y en su fecha, y tú estirarás el cuello y conseguirás que alguien te invite a algo. Pero mira, la mujer más tonta con la que yo haya podido estar entiende que tiene más mérito subirse a una valla y pincharse para coger un par de rosas que comprar una docena. Y hay quien entiende el verbo en la expresión "merecer respeto". Básicamente no me sale de los huevos que tú "quedes bien" a costa de mi trabajo y sin pagarlo ni reconocerlo.
Y no seas tan gilipollas de decirme que es inevitable tu informalidad y que confíe en tí en el mismo cuarto de hora, hazte el favor.
¿Mañana en la puerta del banco? Bien, gracias, hasta mañana.
servido por maerandor
6 comentarios
compártelo